LA ANULACIÓN DE MI SER

El rechazo sistemático de mi pareja me generó un pánico profundo al abandono

TEXTO DE LAURA DE FRUTOS MARTÍNEZ

Laura de Frutos Martínez

Maestra de Reiki en prácticas


El rechazo no es una herida tangible, pero se siente intenso, como como un desgarro en el pecho realizado sin anestesia. Es una fuerza invisible que no solo hiere, sino que genera la idea de que hay algo malo en ti. Una mancha que te hace indigna de amor. La autoestima queda anulada por completo y pierdes la identidad hasta que el sentido de la vida desaparece por completo.


En mi historia, el rechazo vino de la persona en quién más confiaba, que tenía siempre al lado, a quien amaba incondicionalmente. De ese que, durante 24 años, fue compañero de mi vida. El rechazo comenzó de forma imperceptible. Eran esos momentos en los que él decidía ignorarme, o esos instantes de una frialdad cortante cuando esquivaba mis besos. Cada vez más noches me quedaba dormida entre sollozos silenciosos mientras esperaba a que él se acostara en su lada de la cama. Pasó de la ignorancia ocasional a las descalificaciones verbales calando tan hondo que terminé haciendo mías. Sus palabras se convirtieron en el mantra de mis días. Me miraba al espejo y sólo veía al despojo humano que él describía. Sus gestos de asco y sus miradas cargadas de odio, cada vez eran más dañinos. En mi desesperación, buscaba dentro de mí el porqué de ese trato vejatorio. “Pero ¿qué he hecho?” me preguntaba. «Algo malo había en mí, para que mi marido me tratara con tanto desprecio», pensaba.. Por si no era suficiente el sufrimiento, el anís ocupó protagonismo cada noche cuando llegaba a casa. El alcohol era el detonante que desencadenaba su soltura en sus malos tratos.



Sin embargo, el golpe final no fue el insulto, sino la verdad. Cuando finalmente pude ponerle nombre a ese rechazo, descubrí sus infidelidades y su doble vida desde muchos años atrás. El “porqué” que buscaba lo descubrí, pero a la vez el rechazo se tornó aún más devastador. Hacía mucho tiempo, ya me había sustituido, simplemente era una pieza que utilizada a su conveniencia. Todo lo que creía verdad nunca existió en realidad. Él jugaba conmigo. Unas veces me hacía creer que me quería y otras me despreciaba. Así generó en mí un hábito de sobreesfuerzo por merecer su atención y anclarme a él. Porque el premio me hacía sentir protagonista. Logró instaurar, tan lenta y sibilinamente, en mi cabeza sus invalidaciones que, incluso cuando lo descubrí, seguía pensando que todo fue culpa mía. 


El rechazo sistemático me generó un pánico profundo al abandono de quien me dañaba. No podía creer lo que me estaba pasando. La realidad parecía la pesadilla de la que no podía despertar. Pasé mucho tiempo, meses, e incluso años, vagando sin rumbo por la vida. Perdida en una farsa que me había dejado sin identidad. Hasta que el Reiki llegó a mí. El destino quiso que el Reiki me encontrara para enseñarme que la sanación es un proceso de paciencia y autoconocimiento. Gracias a esta terapia, entendí que debía liberar las emociones estancadas que se habían cristalizado en mi cuerpo tras décadas de rechazo y abuso.

Hoy en día sigo sanando. Trabajando diariamente el Autotratamiento de Reiki y los 5 Principios del Reiki, especialmente “Sólo por hoy, sé agradecido”, enfocándome en todo lo bueno que sigo teniendo y voy encontrado en esta nueva etapa. En cada Terapia de Reiki logro hacer consciente el origen de cada bloqueo. Poco a poco, gracias al Reiki, el recuerdo deja de apretar mi presente y vuelvo a sentir que tengo un lugar en el recorrido de mi vida.