TIEMPO PARA MÍ: IDENTIDAD

Cómo el Reiki ayuda a conocerse, reencontrarse y volver a recuperar la identidad perdida

TEXTO DE LAURA DE FRUTOS MARTÍNEZ

Laura de Frutos Martínez

Maestra de Reiki


Cuando mi vida dio un giro profundo, me sentí perdida. No tenía identidad, no sabía quién era Laura, qué le hacía vibrar, qué la nutría o qué le hacía feliz. Fue entonces cuando tomé conciencia de que llevaba muchos años sin identidad, porque se la había concedido a todos los que amaba: protegiéndolos, cuidándolos, esforzándome por hacer sus deseos realidad… creyendo que en esa entrega encontraba plenitud. Pero la realidad era otra: Era una vasija vacía, olvidada de sí misma.


Aún hoy no sé qué fuerza invisible me impulsó a iniciar la búsqueda de mí misma. Sentía que avanzaba muy despacio, me frustraba, parecía no avanzar. Quizás fue la necesidad de comprender mi dolor lo que abrió la puerta. Poco a poco, la investigación y el aprendizaje comenzaron a ocupar un lugar importante en mi vida.  

El camino no exige prisa, sino presencia. En ella ocurre el verdadero autoconocimiento.


Primero profundicé en los trastornos psicológicos, pasando por la neurociencia y el comportamiento del ser humano y sus mecanismos. Sin darme cuenta reconecté con el arte, volviendo a interesarme la fotografía, la pintura, la danza... actividades que había olvidado y que, sin embargo, me hacían sentir profundamente viva. Las salidas a la naturaleza y el movimiento del cuerpo reactivaron la circulación adormecida de mis venas. Y, cuando mi cuerpo se fortaleció de nuevo y mi mente pudo habitar el presente, comencé a explorar caminos que jamás pensé que me entusiasmaran tanto. La energía llegó a mi vida siendo, actualmente, la dinamo que ilumina mi alma en forma de Reiki.


Durante el proceso de sanación, recuerdo sentir rabia e incluso enfado a que me dijeran que de ello iba a aprender. Era incapaz. ¿De verdad hacía falta aprender con tanto dolor? Ahora pienso que lo estaba enfocando desde el sufrimiento y el rechazo a mi propio dolor.


Gracias a la Terapia de Reiki, lo miré no desde la pérdida, sino desde los ojos del agradecimiento a todo lo nuevo que estaba llegando a mi vida. Si me hubiera quedado en el otro lugar, nunca habría experimentado este nuevo bienestar, belleza y paz.


Tal vez no se trataba de un “de todo se aprende” sino de un “avanza permaneciendo en ti, en el presente, agradeciendo con honradez las pequeñas cosas que permanecen y las nuevas que están por llegar, sin prisas, sin rencores ni miedos”.


Afortunadamente, he podido sentir el Reiki desde consultante a aprendiz, desde la herida a la autosanación por medio del autoconocimiento.



Ahora, Laura soy yo. Una mujer enérgica, alegre, dispuesta a ayudar, pero sobre todo comprometida con su propio cuidado y bienestar. Sin depositar en manos de otros mi felicidad y bienestar.


Los principios de Reiki, practicados con constancia diaria, ayudan a anclarme en mi centro y cuando siento que algo me desequilibra, me recuerdo:

> Solo por hoy, no te enfades

> Solo por hoy, no te preocupes

> Solo por hoy, agradece lo que tienes

> Solo por hoy, trabaja honestamente

> Solo por hoy, sé amable con los demás


No siempre es fácil. La constancia cuesta. Hay días de cansancio, de olvido, de desconexión. Responsabilidades que agotan y tiran de mí para que me pierda. Me siento tan agotada que dejo de priorizarme. Y, es entonces, cuando me descubro otra vez repitiendo los roles que complacen a la sociedad y escucho “no tengo tiempo para mí”.


El Autotratamiento de Reiki me hace ser consciente de la vorágine en la que vivimos. Es algo casi automático. Me ayuda a no perder mi identidad. Es el espacio donde recargo la batería de mi Ser de Luz.

A menudo, cuando explicas la dinámica del Reiki, muchas personas te dicen “uufff, pero yo no dispongo de tiempo para mí todos los días”.


Invito a los lectores/as a una reflexión:

¿Qué estás dejando de lado cuando te abandonas?

Porque si realmente deseas ofrecer bienestar a los demás, primero tienes que cultivarlo en tu interior. No podemos ofrecer lo que no habita en nosotros. No podemos dar paz desde el caos, ni amor desde el vacío.


Transmitimos la energía que alimentamos.

Por eso, cuidarse no es un acto egoísta. Es un acto de amor y conciencia.


Es regresar a ti.

Es autocuidado.

La elección está en vuestras manos.