EL DÍA QUE DEJÉ DE LUCHAR CONTRA MI CUERPO

Cómo superé la candidiasis vaginal cuando empecé con Reiki a tratarme

TEXTO DE SOFÍA PÉREZ PINEDO

Sofía Pérez

Terapeuta y Maestra de Reiki


Durante gran parte de mi vida conviví con un problema que parecía no tener fin: la candidiasis vaginal. Mis días los pasaba en visitas constantes al ginecólogo, tratamientos farmacológicos que aliviaban temporalmente los síntomas y la frustración de ver cómo, al cabo de unos meses, todo volvía a empezar. Era un ciclo agotador, tanto física como emocionalmente. Hubo momentos en los que me rendía. Dejaba de acudir al médico y simplemente esperaba a que la infección desapareciera por sí sola, normalizando un malestar que se había vuelto parte de mi rutina. Sin embargo, llegó un punto crítico: la situación se agravó hasta el punto de desarrollar una úlcera que requirió intervención quirúrgica. Aun así, después de todo eso, las infecciones continuaban.


Pero la candidiasis no era el único síntoma. Mi cuerpo llevaba tiempo enviándome señales que yo no comprendía o simplemente ignoraba. Sufría de inflamación abdominal regular, antojos intensos de chocolate que se habían convertido en una adicción, dolores de cabeza frecuentes y, sobre todo, un cansancio que en ocasiones me impedía levantarme de la cama. No entendía qué me pasaba. Durante años busqué explicaciones. Pensaba que todo se debía a pasar muchas horas sentada o usar ropa ajustada. Más adelante, cuando me mudé a Irlanda, atribuí los síntomas al clima húmedo del país. Pero, en el fondo, nada de eso lograba explicar completamente lo que estaba viviendo.


El verdadero cambio llegó cuando el Reiki apareció en mi vida. A través de este camino de conciencia, luz y amor, comencé a ver mi situación desde una perspectiva completamente distinta. En Terapia de Reiki tomé conciencia de que lo que estaba experimentando era el reflejo de un desequilibrio que afectaba todas las áreas de mi vida. Me hizo ver que estaba viviendo una vida sin coherencia interna, dominada por el estrés y desconectada de mí misma. Me había olvidado completamente mí, de quién era, de lo que necesitaba, de escuchar mi propio cuerpo. Además, cargaba con emociones y responsabilidades que no me correspondían. Muy pero muy dentro de mí habitaba una herida profunda: el rechazo hacia los hombres, una carga emocional que había asumido desde muy joven y que seguía influyendo en mi vida sin que yo fuera plenamente consciente.


El Reiki me guio hacia uno de sus principios fundamentales: ser honesta conmigo misma. Y ahí comenzó la verdadera transformación. Empecé a mirarme hacia dentro con honestidad, a reconocer mis emociones, mis patrones y mis heridas, a soltar aquellas situaciones que hacía mías y que me mantenía en un estado de preocupación y estrés. Poco a poco, fui dejando atrás la exigencia y el miedo, abandonando el modo de supervivencia para empezar a vivir desde el amor propio.


Sanar la herida del rechazo hacia los hombres fue un paso fundamental en mi proceso. Me di cuenta de que, de forma inconsciente, estaba proyectando ese rechazo en mi relación de pareja, lo que generaba un conflicto interno que también se manifestaba en mi cuerpo. Al tomar conciencia de esta herida, pude mirarla con amor, comprender su origen y empezar a transformarla. Ese proceso de integración y aceptación me permitió vivir desde un lugar más consciente y en paz.


Poco a poco, fui recuperando mi energía, mi equilibrio y mi conexión conmigo misma. Por supuesto, la candidiasis dejó de formar parte de mi vida. Pero más allá de la sanación física, lo que realmente cambió fue mi forma de vivir. Ahora vivo una vida haciendo lo que me gusta, disfrutando cada día de lo más simple, disfruto mi trabajo, llevo una vida saludable, me relaciono con gente que me sume, pido ayuda si lo necesito, me comprometo conmigo misma, simplemente vuelvo a mí.


Hoy entiendo que el cuerpo no se equivoca. Que cada síntoma es un mensaje. Y que cuando aprendemos a escucharnos podemos transformar incluso las experiencias más difíciles en oportunidades de crecimiento.

Mi camino con el Reiki no solo me ayudó a sanar, sino a volver a mí y a poder como Terapeuta de Reiki ayudar a otras mujeres con este mismo problema.

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