LA MAESTRÍA REIKI GATUNA

Beneficios del Autotratamiento de Reiki en la convivencia con gatos

TEXTO DE JOSÉ LUIS MUÑOZ

Teresa Núñez de Arenas Aguirre

Practicante de Reiki


Con los meses de Terapia y los Cursos recientes, he descubierto que el Reiki es mucho más que una técnica de canalización de energía pensada exclusivamente para el ser humano; constituye un lenguaje universal de amor, respeto y presencia sutil que encuentra en el reino animal un terreno de una receptividad extraordinaria. A diferencia de las personas, los animales carecen de los filtros del escepticismo, la intelectualización o la duda analítica. No existen barreras mentales que bloqueen la vibración; simplemente sienten, experimentan y aceptan el flujo energético de manera completamente instintiva y transparente. Mi camino en esta disciplina dio un giro definitivo el día en que mi clan felino decidió involucrarse de lleno en mi práctica diaria. Lo que empezó como curiosidad se ha convertido en una rutina donde me preparo y tengo al coro gatuno conmigo, transformando el hogar en un espacio compartido de sintonía sutil.


Convivir con una gran familia de felinos —contando con una matriarca como Leo, el fuerte temperamento del patriarca blanco Ricky, y las nuevas generaciones representadas por los enanos Susan y Daneel, auténticos terremotos que tienen al resto de la tropa revolucionada— se transformó en mi particular escuela de aprendizaje espiritual. En los inicios, mi aproximación adolecía de rigidez: intentaba replicar protocolos estructurados y esquemas aprendidos en los manuales teóricos. Sin embargo, los gatos, que son dueños absolutos de su independencia y soberanía, se encargaron de enseñarme enseguida que la energía Reiki no se impone jamás; simplemente se ofrece y se comparte.


Fueron mis mejores maestros a través de la observación paciente y del silencio. Me acostumbré a su presencia en mis autotratamientos, convirtiéndose al final en una especie de sesión a distancia o sin contacto. Esto resulta especialmente útil con aquellos animales que arrastraban miedos profundos o desconfianza, sobre todo encontrándome inmerso en un proceso de cambio radical en la casa donde vivo. Como sabéis, los gatos son animales de costumbres, y en cuanto cambias cualquier rutina o el espacio donde se encuentran, se convierte en un drama. Sentarme en el estudio o en la terraza sin buscar un contacto físico forzado, permitiendo que la energía fluyera de manera ambiental mientras ellos deambulaban libremente, transformó por completo nuestra convivencia diaria. Pude comprobar cómo la práctica suavizaba tensiones territorialidades, aportaba sosiego en momentos de malestar físico o transición, y disipaba las cargas densas del ambiente, algo vital mientras me veo inmerso en un proceso de recuperación de una depresión severa y distimia.


Lo más fascinante de practicar Reiki con animales es descubrir que actúan como un espejo implacable de nuestro propio estado interior. En etapas marcadas por la presión administrativa, las preocupaciones profesionales, la tensión acumulada o simplemente los efectos de mi depresión, intentaba canalizar energía hacia ellos para calmarlos, y comprendía rápidamente que el flujo no se estabilizaba hasta que yo lograba serenar mis propias revoluciones mentales. Ellos no son meros sujetos pasivos que reciben una terapia, sino partícipes activos de un equilibrio energético común y simbiótico. Con el pasar de los días, esta práctica ha dejado de ser una herramienta aislada para integrarse como el pulso silencioso que sostiene nuestra convivencia, recordándome constantemente que cualquier sanación auténtica se sustenta siempre en la calma, la escucha atenta y el respeto mutuo.