EL MAL CARÁCTER DE MI MADRE

Rechazaba inconscientemente cuidar a mi madre por las carencias afectivas con las que me crie

TEXTO DE PEDRO SÁNCHEZ

Pedro Sánchez

Maestro de Reiki en prácticas


Descubrí el Reiki en un momento de mi vida en el cual aparentemente no tenía carga emocional alguna en ningún sentido. Tenía una nueva pareja después de haber salido de una larga relación con un imprevisto final; tenía y tengo un hijo que por fin trabajaba en lo que le gusta; tenía y tengo un trabajo que cubre mis necesidades básicas y “caprichos” varios; disponía y dispongo de un reducido grupo de amigos que no nos juzgamos.


Pero falta el entorno familiar. Este siempre ha sido mi punto flaco, desde que comencé a salir con amigos, he sido muy despegado del núcleo familiar. En aquel momento mis padres se encontraban bien físicamente y evidentemente independientes. Yo en casa paraba poco, siempre recordaré la frase de mi madre (quien siempre ha sido la matriarca de la casa con su genio y carácter) diciendo “si un día se cae el techo a ti no te coge”, pero yo seguía a lo mío. Alguna discusión tuvimos y siempre se imponía su criterio, a pesar mío. Crecí, me independicé y seguí con la misma tónica, pero nunca me llegué a plantear el porqué de esa situación, me parecía tan normal, y así he seguido siempre.


Los años pasan, mi padre ya no está físicamente en este plano y mi madre, con sus 91 años, ya necesita de cuidados 24/7. A pesar de ello no ha querido ingresar en ninguna residencia para mayores, dice que para eso tiene hijos. Mi hermana estuvo dispuesta a que conviviese con ella. Lo intentó mientras se recuperaba de una enfermedad que la debilitó, pero en cuanto tuvo fuerzas, sacó su genio y el compartir espacio con mi hermana (quien es muy organizadora) fue algo imposible. Por tanto, ya de vuelta en su casa, hubo que contratar los servicios de personas que se dedican al cuidado de mayores, que literalmente viven en la casa y pelean con mi madre. Evidentemente y, llegado el fin de semana, estas personas deben de librar, pero mi madre no libra de sus cuidados, con lo cual ahí estábamos mi hermana y yo, cada uno con sus trabajos, obligaciones y familias durante la semana laboral y llegado el fin de semana con la obligación impuesta de acudir al domicilio de mi madre a cuidar de ella


Esa obligación, suponía dejar mi hogar, mi pareja, mi ocio, y acudir a casa de mi madre a estar allí, a aguantar su mal carácter si le decías por su bien que se moviese algo, que se levantase del sillón de vez en cuando o si la contrariabas por cualquier otra circunstancia. El tiempo allí se me hacía largo, no tenía ilusión alguna por que llegase el fin de semana, sentía que después de una larga semana de trabajo intenso, mi sábado estaba hipotecado con mi madre de forma vitalicia. Rechazaba la situación, era algo impuesto que me carcomía, me estaba minando. Mi pareja me preguntaba si podíamos hacer planes para algún fin de semana o vacaciones y no se lo podía garantizar. Mentalmente me estaba afectando. De pronto estaba malhumorado o pensativo en cómo salir de ahí sin caer en el egoísmo y más cuando mi hermana, con obligaciones similares a las mías y por más que también la estaba minando la situación, asumió el rol de cuidadora en su turno, y quería seguir adelante, así me lo manifestaba.


Así estuve varios meses, tragando con la situación, a la cual más de una sesión de Reiki sí que le di y yo recibiendo mi Autotratamiento de Reiki también, el cual considero que me ayudó a mantenerme y a no caer en las redes de la desesperación. Comencé mi nivel 3 de Reiki, el cual, entre un variado y valioso contenido, tocamos la figura de “mi niño interior”, y ahí surgió el despertar al rechazo de la situación del cuidado a mi madre. 


En una Terapia de Reiki realizada a “mi niño interior” vi las carencias afectivas que tuve desde niño. Mi padre, siempre ausente, ya que éramos cinco bocas y únicamente entraba su salario en casa; y mi madre, siempre liada con los quehaceres de la casa y dándonos atención en todos los sentidos, salvo en el emocional. No recuerdo besos, ni abrazos, ni un te quiero. Siempre mano dura para tenernos controlados, sin maldad eso sí; pero mano dura. Mi niño a eso se habituó, creyó que eso era la normalidad. Pude entender que ella es lo que recibió en su niñez y no ha sabido hacerlo de otra forma, pero no obstante duele. 


Antes de mi entrada en Reiki, nunca pensé en esa carencia de cariño en la que me crie, tampoco pensé en el por qué crecí con falta de confianza y de amor con mis padres, ni en el por qué quería estar constantemente fuera de mi casa, buscaba sin saberlo el independizarme cuanto antes. Me metí en la rueda de la vida sin ser consciente, me dejé arrastrar. Tuve novia, casa, casamiento, hijo, divorcio, un trabajo absorbedor, etc. 


Ahora pienso que el Reiki me ha hecho despertar. He visto el por qué me costaba tanto ir a cuidar de mi madre, el por qué rechazaba esa situación que me estaba minando, pensando que era egoísta por no querer ir a su casa y pensar únicamente en mí y más cuando mi hermana seguía cumpliendo con su parte del trato. Era una situación que yo no tenía en paz, me estaba doliendo en mi interior; y es que efectivamente es mi madre sí, pero nunca he sentido hacia ella un apego emocional incondicional. Evidentemente es mi sangre, pero me tenía que centrar en mí y en mi paz interior. Era algo que mi cuerpo y mi mente me estaban pidiendo a gritos. Por tanto, pesase a quien pesase, propuse a mi hermana, sin dar opción, la entrada en mi lugar de una persona externa a quien habría que pagar económicamente. Aceptó a regañadientes, pero mi propuesta era firme. Por supuesto, eso no me exime de “abandonar” a mi madre sin mi presencia, la voy a ver y comparto el tiempo que sea preciso, pero ya desde la calma.


Por tanto, a Reiki he de decirle: Gracias, Gracias, Gracias.