MÁS ALLÁ DE LA CARRETERA
Cómo el Reiki ayuda a superar y tomar conciencia del origen del miedo a la carretera
TEXTO DE MARÍA TERESA NÚÑEZ DE ARENAS AGUIRRE

Terapeuta y Maestra de Reiki
Cada vez estoy más convencida de que un Terapeuta de Reiki nunca deja de ser un aprendiz. A veces pensamos que quienes acompañamos a otras personas en sus procesos personales ya hemos resuelto nuestros conflictos, miedos , inseguridades, heridas… como si el hecho de dedicarnos a acompañar, escuchar y sostener significara haber superado todas nuestras heridas y eso no es así. Si algo he aprendido en este camino con Reiki es que un Terapeuta nunca deja de aprender. Todos seguimos caminando, descubriendo cosas sobre nosotros y enfrentándonos a todas aquellas cosas que todavía necesitan ser comprendidas y sanadas. Un Terapeuta de Reiki debe siempre mirar hacia su propio interior para poder acompañar desde la experiencia y el amor a otras personas, no porque tengamos todas las respuestas, sino porque sabemos lo que significa mirar de frente esos miedos.
Por eso hoy quiero compartir uno de mis propios procesos, no porque lo haya superado por completo, al contrario, precisamente porque lo sigo recorriendo. Durante muchos años he convivido con un miedo que ha condicionado una parte de mi vida, un miedo que no se ve desde fuera, pero ocupa demasiado espacio. Ese miedo tiene un nombre: LA CARRETERA.
Hay personas que disfrutan del viaje. Para mí ocurre todo lo contrario. Cada vez que tengo que viajar, sobre todo si se trata de una vía de doble sentido, mi cuerpo empieza a prepararse para una batalla que solo existe en mi cabeza. Basta ver un camión, aunque sea de lejos -y ya no hablamos si a ese camión lo tenemos que adelantar-, para que mi corazón se acelere y mis manos empiecen a sudar. Me agarro con fuerza al portamonedas que hay en la puerta (sí, eso diminuto e insignificante que yo pienso que me puede salvar en caso de accidente, aunque sea absurdo solamente imaginarlo) y mi cuerpo empieza a gritar «peligro», cuando en realidad no está ocurriendo nada.
Ese miedo me ha impedido sacarme el carnet de conducir y lo más curioso es que nunca he tenido un accidente de tráfico. No recuerdo haber vivido una experiencia traumática relacionada con la carretera y sin embargo el miedo estaba ahí. Muchas veces me he preguntado: ¿Cómo tengo tanto miedo a algo que nunca he vivido? Qué poder tienen los pensamientos que convierten todo en preocupación. Lo más curioso es que nunca imaginamos lo mejor, siempre nos anticipamos a lo peor. Con el tiempo he comprendido que ese miedo no solo me ha impedido sacarme el carnet de conducir, sino que también me ha restado libertad y confianza en mí misma.
Durante años, busqué respuestas, algún recuerdo olvidado de mi infancia, de mi adolescencia, pero no aparecía nada y ahí es cuando empecé a darme cuenta de que no siempre recordamos el origen de lo que sentimos. Durante mucho tiempo he creído que el problema era mi miedo a la carretera y la carretera era solo el lugar donde mi miedo había decidido manifestarse. Eso es lo que me hizo verlo desde otro lugar.
Fue entonces cuando Reiki empezó a ayudarme, a encontrar respuestas que hasta ese momento no había encontrado. En cada sesión y en cada autotratamiento de Reiki he ido comprendiendo que en muchas ocasiones el origen de nuestros miedos no está en el momento en el que se nos manifiesta, sino mucho antes, incluso viene de nuestra infancia en la que vamos adquiriendo una serie de creencias, patrones, responsabilidades y sin darnos cuenta terminan acompañándonos durante nuestra vida adulta.
Reiki no ha hecho desaparecer mi miedo de un día para otro. Ojalá fuese tan sencillo. Lo que Reiki me ha regalado es algo más valioso. Reiki me ha hecho mirar más allá del síntoma para descubrir la causa origen. Saber cuántas emociones llevaba años guardando. Cuántas responsabilidades había asumido siendo una niña. Cuántas veces había intentado tenerlo todo bajo control. Todo esto lo único que me podía provocar era preocupación, ansiedad, inseguridad y miedo.
Reiki me ofrece las herramientas para comprenderme mejor, para tomar conciencia de aquello que necesito sanar y soltar. Me ha enseñado a escucharme y comprender que detrás de cada emoción existe una necesidad que debemos atender y que cada sesión de autotratamiento se convierte en un espacio donde puedo escuchar aquello que durante tanto tiempo intento hablarme y yo no era capaz de escuchar.
Ahora entiendo que el miedo no era el problema, era el mensajero que durante años hice callar sin leer el mensaje. La exigencia con la que he vivido, la necesidad de tenerlo todo bajo control para sentirme segura, la costumbre de preocuparme antes de que ocurran las cosas.
Gracias a Reiki he aprendido a tratarme con cariño y a no juzgarme. Hoy no permito que sea el miedo el que conduzca mi vida, pero sí me permito regalarme uno de los cinco principios de Reiki. SOLO POR HOY NO ME PREOCUPO.
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