CUANDO EL MIEDO DEJA DE DECIDIR POR TI
Consecuencias de una niña que aprendió a callar por evitar el conflicto
TEXTO DE RAQUEL RECIO

Practicante de Reiki
Durante gran parte de mi vida pensé que simplemente era una persona miedosa, tímida, introvertida, poco atrevida. Era mi forma de ser o eso creía.
Desde que el Reiki llegó a mi vida he comenzado un proceso de toma de conciencia que me está haciendo mirar hacia lugares que siempre estuvieron ahí, pero que nunca había observado de verdad. Y he descubierto que muchos de mis miedos no forman parte de quien soy, sino de lo que he vivido.
Cuando miro hacia atrás, me veo siendo una niña con muchos miedos. Mientras otros niños se atrevían a subir, saltar, explorar o relacionarse entre ellos con naturalidad, yo muchas veces me quedaba atrás, observando y callada. Me costaba acercarme, hablar y expresarme. Y ese miedo a comunicarme me ha acompañado prácticamente toda mi vida.
Desde que tengo recuerdos aprendí a estar pendiente de cómo podía reaccionar la persona que tenía delante. En mi propia casa no sabía cómo podía ser recibida una palabra, un comentario o incluso algo tan sencillo como un «buenos días». A veces sentía que era mejor callarse o encerrarse en la habitación para evitar lo que pudiera ocurrir.
Aprendí a observar antes de hablar, a medir mis palabras, a callar. También aprendí que aquello que contaba en un momento de confianza podía ser utilizado después para hacerme daño, haciéndome arrepentir de haberme abierto.
Sin darme cuenta fui aprendiendo algo que me acompañaría durante muchos años: callar era más seguro. Y crecí pensando que me costaba expresarme porque era tímida, relacionarme porque era introvertida y afrontar determinadas conversaciones porque esa era mi personalidad.
Ahora comprendo que detrás había miedo. Y no era únicamente miedo a hablar, sino a lo que podía ocurrir después de hacerlo. Miedo a expresar lo que sentía, pensaba, quería o necesitaba, a decir que algo me hacía daño, a mostrar desacuerdo, a pedir, a poner límites, miedo al conflicto, al rechazo o a las consecuencias de haber dicho aquello que llevaba dentro.
Durante mucho tiempo anticipé la reacción de los demás antes de escucharme a mí misma. Antes de preguntarme «¿Qué necesito yo?», aparecía otra pregunta «¿Qué pasará si lo digo?». Ahora entiendo que no aprendí solamente a callar palabras. Aprendí a callar sentimientos, necesidades y límites para protegerme.
Ese silencio tuvo consecuencias importantes en mi vida adulta. Durante años fui incapaz de expresar dentro de mi relación de pareja cosas que me hacían daño. Callaba, acumulaba y solamente hablaba cuando ya no podía más. Hoy puedo mirar aquella relación desde otro lugar y comprender que dos personas que se querían no supieron comunicarse. Y me pregunto cuántas cosas podrían haber sido diferentes si ambos hubiéramos tenido entonces la conciencia que yo estoy adquiriendo ahora.
Y entonces llegó el Reiki. El Reiki no ha cambiado mi historia. Me está ayudando a comprenderla y a descubrir que muchas cosas que consideré parte de mi personalidad fueron formas que desarrollé para protegerme.
Hoy empiezo a hablar sin vivir pendiente de la respuesta, a expresar lo que siento, decir lo que pienso, pedir lo que necesito y poner límites. También me estoy permitiendo abrirme, confiar y crear vínculos desde otro lugar. Sigo teniendo miedos. La diferencia es que ahora los veo.
Durante años sentí que hablar podía tener consecuencias y que callar era una forma de protegerme. Hoy tengo una certeza mucho más importante: mis sentimientos merecen ser expresados, mis necesidades escuchadas y mis límites respetados. No puedo controlar la reacción de los demás, pero sí puedo decidir no volver a esconderme por miedo a ella.
Durante muchos años sobreviví callando. Hoy descubro que vivir también significa sentir, expresarme, superar mis miedos y permitirme, por fin, ser yo.
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