NO ME TOQUES: RECHAZO AL CONTACTO FÍSICO

Cómo el Reiki ayuda a hacer consciente y superar situaciones traumáticas de acoso

TEXTO DE MARTA TAPIAS MERINO

Marta Tapias

Terapeuta y Maestra de Reiki


Hace unos meses di terapia a una mujer, María. Durante su adolescencia, había sufrido traumas que pasaron desapercibidos. Me contó que en la época en la que pasó su primera juventud, los piropos expresados a voces por desconocidos en la calle eran habituales. Cambiar de acera para evitar por donde había obreros era lo normal. Por no hablar de los chicos que estaban haciendo la mili. Especialmente si estos iban en grupo. El acoso sexual estaba normalizado en todos los ambientes. Llevar una minifalda era sinónimo de ir buscando guerra, como si se diera permiso de forma implícita. Qué mujer que fue joven en los 80 y 90 no recuerda alguna situación incómoda.


Un día, fue a unos grandes almacenes de Madrid. Se había puesto un vestido vaquero que la hacía sentir bonita. En un momento dado, se quedó absorta mirando una camiseta, decidiendo si se la probaba o no. No le escuchó acercarse por su espalda. Solo sintió las manos en su cuerpo, manoseándola rápidamente. Se volvió, aterrorizada y paralizada. No consiguió pegarle, solo logró insultarle mientras él se alejaba impune, riéndose. Se sintió ridícula, humillada, avergonzada, asqueada. Incluso culpable. Quizá, contaba, no debería haberse vestido así. Pasó el tiempo y aquello pareció solo una anécdota, un episodio desafortunado que olvidaría.


Esas situaciones se fueron repitiendo a lo largo de su vida. Distintas caras, vivencias que tenían en común la falta de consentimiento. A veces, con el añadido de la incomprensión, la indiferencia o incluso la aceptación de quienes pudieron ser testigos. Y desarrolló un rechazo al contacto físico en general, sobre todo con los hombres. 


Este rechazo pasó desapercibido porque se manifestaba con personas que no conocía. Con su pareja era cariñosa, pero no daba abrazos a los amigos. Y, cuando la abrazaban, su cuerpo se tensaba, evitando el contacto todo lo posible. Parecía desconfianza, pero esa tensión estaba presente incluso cuando no había razones para desconfiar. En su forma de vestir también se notaba. Vestía demasiado cubierta, demasiado discreta para una chica de su edad y, especialmente, si salía sola. A veces, le decían que vestía “monjil”. No quería llamar la atención... La atención masculina en concreto. Disfrazó ese miedo de virtud y dignidad. 

Con el Reiki afloró este rechazo al contacto físico. El Reiki le ayudó a analizar esas experiencias que le habían dañado. Fue un proceso lento en el que trajo a la consciencia muchos recuerdos de vivencias olvidadas. Todas ellas con el mismo denominador común.


Recordar una experiencia lejana en el tiempo y que aún provoque reacciones de vergüenza, malestar o dolor no es normal. El Reiki ayuda a liberar esas emociones, a equilibrarlas, a comprenderlas y a aprender de ellas. Muchas veces se quedan almacenadas en la memoria, ocultas. El Reiki las destapa en un entorno seguro para dar la oportunidad de sanar. Lo que no sana, surge de nuevo en forma de otra situación nueva, con otras caras, pero con el mismo conflicto de fondo. Por eso, es importante sanar el pasado. No se trata de recordar para sufrir de nuevo si no para evitar que se vuelva a repetir. Para evolucionar y avanzar.


Gracias al Reiki, perdonó y también se perdonó por no haber sabido reaccionar, poner límites, por haber tenido miedo. Y aprendió a superar ese miedo. Ahora, no siente la necesidad de dar un paso atrás cuando un amigo o una amiga tiene un gesto afectuoso y le da un abrazo, o se acerca para contarle algo. En las fotos, no aparece alejada de las personas, si no compartiendo espacio y energía de forma confiada. Disfruta del afecto de los demás. Aún no sale de ella la iniciativa de acercarse físicamente, pero está en proceso. Gracias al Reiki, es solo cuestión de tiempo y terapia.

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