LA PRESIÓN DEL TODO
Cómo el Reiki ayuda a lidiar con la presión de las cosas cotidianas, sin exigencias propias ni externas
TEXTO DE LAURA DE FRUTOS MARTÍNEZ

Maestra de Reiki
Me encantaría ser más concreta y escribir este artículo sobre la presión de un tema determinado. Sin embargo, cuando intento analizarlo, me doy cuenta de que la presión que siento no es un evento aislado; es la suma de un todo. Es la presión del “todo”.
Esta presión invisible es alimentada por muchas presiones individuales. En casa, las labores diarias se acumulan y nunca terminan; en el nuevo trabajo quiero cumplir con cada objetivo impuesto; a veces se me olvida preguntar a mis hermanas o padres por el médico o por cómo va su salud o su día a día. A esto se le suma las preocupaciones personales de mis tres hijos las cuales se hacen mías cargando sus mochilas además de la mía. Y qué decir, de que hace unas semanas se me olvidó felicitar a mi mejor amiga por su cumpleaños o que aún tengo el regalo de Reyes de mi tía en casa y aún no he tenido tiempo para quedar con ella y dárselo. Las presiones de las personas que me rodean se suman a la mía propia.
Vivimos en una sociedad en la que tenemos que ser multifuncionales y llevamos un ritmo frenético de vida y esto, es una exigencia que parece que, si no cumples, no eres un “humano apto” para la sociedad del presente. Y entonces, el cuerpo habla. Esa presión se manifiesta con un peso físico en el pecho, una ansiedad que acelera el pulso o un mal humor que nace de la frustración por no llegar a todo. Antes, me dejaba arrastrar por esas emociones, pero ahora, cuando siento que el aire me falta, me detengo un momento y es entonces cuando me hago consciente de que algo no va bien.
Puedo afirmar que es ahí donde el Reiki ha cambiado mi vida. A través del Autotratamiento de Reiki, ese peso se calma, recupero la claridad y puedo reconocer el origen de esas emociones. Desde que practico Reiki y, sobre todo, desde que comencé el curso de Maestría, la presión ha disminuido. En la calma de la sesión de Reiki, la confusión se disipa y puedo ver con claridad que es una exigencia externa que no me corresponde cargar. Ahora puedo ver hasta dónde puedo llegar, sin autoexigirme ni permitir que otros lo hagan.
Reconozco que el camino no es perfecto y, en ocasiones, con mis hijos me es más difícil soltar la presión por atender todas sus necesidades. Por ello lo sigo trabajando en cada sesión de Reiki con mucha paciencia.
Hoy, mi actitud es otra. Si en casa hay días que no me da tiempo a fregar o hacer una cena saludable o no he podido atender a mis hijos por igual, respiro y suelto. Entiendo que hablar con mis familiares y mis amigas cuando puedo y no por obligación, es más honesto y la culpa por los olvidos desaparece. Y si alguien se siente ofendido porque no llegué a tiempo, he aprendido a entender que su reacción es su proceso. Todos estamos librando la misma batalla y lo que necesitamos es empatía, tanto de los demás como de nosotros mismos. Cuando uno se entiende a sí mismo es capaz de extrapolarlo a los que le rodean.
Sigo viviendo con presión. La vida es así. Pero voy consiguiendo que no altere a mi estado de ánimo. Ser consciente de hasta dónde puedo llegar y si no llego, dejar de culparme por ello.
El autoconocimiento de la mano del Reiki ha sido fundamental para poder dar este paso y aprender a vivir sin sobrepasar mis fuerzas, con las metas que verdaderamente puedo cumplir, sin prisas, pero sin pausa, todo se va cumpliendo poco a poco, sin perder el control de mis emociones. Vivir con presión sin que me domine y estar en paz conmigo misma.
